Habitar lo inhabitable

Habitar lo inhabitable es un concepto sugerente que nos devuelve a épocas anteriores. El concepto de espacio doméstico suele ir ligado, no sin razón, a la idea de refugio. Sin importar del tamaño que sea o el lugar donde esté, la cubierta, los muros y el suelo engloban y delimitan un volumen vacío, aislado y protegido del exterior, una burbuja de aire diminuta separada del resto. Podemos simplificar haciendo referencia a las características de cada elemento y diremos que lo que está construido está lleno, y lo que no, está vacío.

Sin embargo, a lo largo de la historia de la arquitectura (es decir, del ser humano) aparecen casos extraordinarios en los que la relación lleno-vacío pierde sus fundamentos y la frontera entre ambos se vuelve permeable.

Petra, Jordania

Ya en la Prehistoria, antes de “construir casas”, se habitaba en cuevas, y se las consideraba sagradas, incluso mágicas. Ese toque misterioso aparece posteriormente en otros ejemplos que aunque materialmente no se parecen mucho, conceptualmente explotan el mismo patrón: habitar lo que, a priori, es inhabitable. Habitar el lleno, vivir dentro de lo sólido, dentro de la piedra.

La ciudad de Petra en Jordania, las Cuevas de Bhaja en el estado de Maharashtra (India) son ejemplos que ilustran este concepto. Incluso podemos encontrarlo en las pirámides egipcias que, aunque no se construyen por sustracción, persiguen la misma idea.

Dentro-fuera

El concepto del muro habitado, o del muro equipado, mantiene una estrecha relación con la dualidad dentro-fuera. Si bien podríamos decir que lo que está en el muro está DENTRO de él, al hablar del espacio al que el muro sirve, entonces deberíamos considerar los espacios “excavados” FUERA del espacio principal. Estos huecos, nichos, hornacinas y agujeros son espacios servidores de un espacio huésped mayor, y se establece así una jerarquía espacial en la que al habitar los espacios interiores del muro, se observa el espacio principal “desde fuera”, al otro lado del límite.

Aunque se puede considerar que la estancia principal y estos huecos servidores forman parte del mismo espacio, el solo hecho de pertenecer al muro y tener sus propias paredes y su propio techo (e incluso su propio suelo) hace que delimiten ambientes diferentes y se creen formas más complejas de experimentar la vivienda.

Es el caso también de los cortejadores (o festejadores, curioso nombre) que aparecen en algunas casas antiguas, en castillos y fortalezas, en las que el espacio dentro del muro, en contacto generalmente con una ventana, es habitado. Estos vanos no pertenecen al interior ni al exterior, sino que son testigo estático de ambos ámbitos, fuera de ellos, pero dentro del límite que los separa.

Aprovechamiento moderno

Villa Müller. Imagen: Muzeum hl. m. Prahy

El concepto del muro habitado ha evolucionado, pero sigue presente en muchas obras de arquitectura recientes. Adolf Loos, arquitecto austriaco que introdujo el concepto del Raumplan, creó en muchas de sus obras relaciones espaciales de este tipo. En la Villa Müller o en la Casa Khuner, por poner ejemplos, organizaba espacios secundarios alrededor de estancias más importantes, contenidos en las propias paredes de la vivienda, ya que para él, cada habitación tenía sus propias necesidades de tamaño, altura, iluminación y elevación, y en muchos casos, unos eran dependientes de otros.

All I own house. PKMN. Foto: Javier de Paz García

Hoy en día, podemos encontrar muy buenos ejemplos de muros habitados, como la All I own house de PKMN Architectures, la Christian House de Barbara Apollini o Le Refuge de H2O Architectes.

Imagen de portada: Squish Studio, Saunders Architecture. Foto: Bent René Synnevåg

Publicado por:José Miguel Sánchez Moreno

Arquitecto en Albacete. Intenso Albacete.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *